miércoles, 10 de junio de 2015

Instrumento de trabajo para la Asamblea Diocesana de Pastoral

Saludos a todos.
En el siguiente link pueden descargar en formato word el intrumento de trabajo de la próxima Asamblea Diocesana de Pastoral.

Instrumento de trabajo para la Asamblea

Pongamos cariño para dejar sentado el futuro de nuestra Diócesis en los próximos años.

¡Bendiciones para todos!

viernes, 22 de mayo de 2015

PENTECOSTÉS

PENTECOSTES
Una de las tres grandes fiestas de la Liturgia eclesial es Pentecostés. Junto con la Navidad, la Pascua, Pentecostés nos habla de la grandeza del amor misericordioso de Dios. En Pentecostés, para finalizar el ciclo pascual, conmemoramos el prodigioso evento de la venida del espíritu Santo sobre los apóstoles y discípulos de Jesús. Había sido prometido por Jesús. Luego de varios días después de la Ascensión, en domingo, reunidos en comunión, los Apóstoles y primeros discípulos de Jesús, acompañados por María, recibieron la fuerza animadora y entusiasmadora del Espíritu Santo.
Con dicha fuerza se lanzaron a la misión desde Jerusalén hasta los confines de la tierra. Nosotros somos herederos de ese acontecimiento. Por eso lo celebramos. Es cierto que en muchas comunidades se prepara con la “vigilia de pentecostés”: pero ésta ha de ser eso, preparación. No puede ni suplir ni opacar la solemnidad de Pentecostés. ¿Qué conmemoramos este domingo? De verdad, celebramos la fiesta del Espíritu Santo, y el día de la Iglesia. Gracias a la acción del Espíritu la Iglesia comenzó a manifestarse y a lanzarse en la senda del cumplimento de la misión evangelizadoras.

Por eso, en todas las parroquias y comunidades eclesiales, con la participación de los grupos apostólicos y con la animación de cada uno de los miembros de la Iglesia, debemos celebrar con alegría, interés y proyección hacia el futuro esta solemnidad. Al hacerlo ratificamos que el Espíritu es el protagonista de la misión; reafirmamos su presencia en cada uno de nosotros y en medio de nuestras comunidades. A la vez, hacemos sentir nuestra pertenencia a la Iglesia, gracias precisamente al bautismo y a la confirmación, sacramentos con los cuales recibimos personalmente al Espíritu Santo. De hecho hemos sido bautizados en el nombre de la Trinidad Santa y nos hemos convertido en templos del Espíritu. Y con la confirmación recibimos el sello de madurez del Espíritu Santo y comenzar a experimentar la condición de testigos del Resucitado.

Pentecostés: fiesta de la Iglesia, fiesta del Espíritu Santo, fiesta de todos los cristianos. No es la fiesta exclusiva de algunos… de allí la necesidad de darle la relevancia que posee. Pentecostés no cierra un ciclo, el de la cincuentena pascual: sino más bien es como la puerta para demostrar en la cotidianidad d nuestras vidas que hacemos presente la fuerza del Resucitado en todo momento y hasta los confines de la Tierra. Desde Pentecostés nos seguimos lanzando a hacer presente los efectos de la pascua redentora de Jesús, con la acción del Espíritu Santo.

Feliz Pentecostés: significa que estamos llamados a contagiar la alegría del Evangelio con la gracia perenne del Espíritu del Señor.

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal.

ROMERO


Hermoso regalo para la Iglesia en América Latina en vísperas de Pentecostés: la beatificación del Obispo mártir de El Salvador, Mons. OSCAR ARNULFO ROMERO. En efecto, este sábado 23 de mayo es beatificado en San Salvador el Obispo del pueblo, sencillo, austero y de profunda fe, quien fue capaz de entregar su vida por la gente a la que le brindó un especialísimo servicio, siempre en nombre del Señor. Mons. Romero entra en la gloria de los altares y ya se le puede dar culto público.

Sobre Mons. Romero se tejieron múltiples leyendas y opiniones encontradas. Se le acusó de “comunista”, sencillamente porque estuvo siempre al lado de los pobres y de su pueblo. No sólo para reivindicar los derechos humanos de quienes eran maltratados y oprimidos, sino porque fue el testigo fiel capaz de enseñar el evangelio, celebró los misterios de la fe y, sobre todo, hizo realidad en su trabajo pastoral la caridad de Cristo. Incluso no faltó quien hizo creer que era manipulado y que sus homilías y enseñanzas ni siquiera eran preparadas por él, sino por un grupo de sacerdotes y laicos ideologizados. Pero la realidad ha sido otra cuando se ha ido estudiando y conociendo tanto sus escritos, como su vida de testimonio sacerdotal.

Lo que sucede esque quienes piensan con criterios del mundo o se dejan llevar por la tentación de convertirse en “opresores y dominadores” cuando alguien se les enfrenta con la verdad del Evangelio, llegan a acusarlo como “desestabilizador”, “comunista” y contrario al orden establecido. Pero la vida de Romero ha demostrado lo contrario: fidelidad a la Palabra de Dios, sentido de comunión con la misión de la Iglesia y caridad sin límites hacia todos, sin discriminación, todo vivido y experimentado desde el encuentro perenne con Cristo. Romero fue un hombre de oración y de vida sobrenatural. Así lo expresó en todo momento. La propaganda contraria a él pretendió hacerlo ver como un enemigo de la sociedad y un violento, cuando en el fondo era un amante de la paz y de la no violencia. 

Sintió la muerte de sus hermanos sacerdotes, desde el asesinato del P. Rutilio Grande, y se identificó con la entrega generosa de ellos. Compartió en todo el dolor y el sufrimiento de tantísimos hermanos perseguidos y desaparecidos, y prefirió asumir la incomprensión incluso de muchos de sus hermanos antes que claudicar y ser indiferente. Su opción por los pobres la supo realizar como expresión de su fe en Cristo, el Dios humanado y salvador de todos.

Damos gracias a Dios por la beatificación de Mons. Romero. Gracias a Francisco, el Papa de la Nueva Evangelización, por este regalo de Pentecostés para nuestras comunidades. Hace poco recibíamos la noticia de apertura de otro proceso de beatificación de otro Obispo mártir, asesinado en Argentina por la fuerza brutal de quienes se consideraban los dueños del pueblo: Enrique Angelelli. Romero ilumina el camino desde el cielo con su testimonio de vida; Angelelli nos ha enseñado que se debe tener un oído puesto en Dios y el otro en el pueblo.

Al decir en este domingo de Pentecostés “feliz fiesta de la Iglesia, feliz día del Espíritu Santo”, lo podemos hacer también desde la alegría por la beatificación de Mons. Romero. Que él interceda por todos nosotros ante Dios a fin de conseguirnos la gracia de conseguir “el gusto espiritual de sentirnos pueblo”, como nos lo ha enseñado el Papa Francisco.

+Mario Moronta R., 
Obispo de San Cristóbal.

viernes, 8 de mayo de 2015

Amigos, no siervos...



Aunque el mismo Señor Jesús nos invita a mostrarnos como servidores de los demás (y nos dio el ejemplo al lavar los pies a sus discípulos y pedir imitarlo), sin embargo Él a los suyos no los llama siervos, sino amigos. Esta es una elección de propia iniciativa suya. No somos nosotros quienes hemos elegido ser sus amigos. El tomó la decisión de hacerlo. Le costó el precio de su sangre, con la cual nos liberó y nos asoció a Él. Por eso, en la Última Cena, no sólo nos dio el ejemplo de “servicio”, sino además nos quiso demostrar el amor más grande al ofrendar su propia vida por sus amigos. En ese mismo instante, los estaba convirtiendo en amigos: no se debía esperar para más tarde. Se trata de una elección con una consecuencia: dar un fruto que permanezca.

Desde esta experiencia, Pedro, cuando se encuentra con Cornelio y lo bautiza, aún viniendo éste del paganismo, entiende que para Dios no hay acepción de personas. Ya no hay distinción, pues la redención se ha abierto a todos. Pablo lo dirá con otras palabras, al presentarnos el modelo del hombre nuevo, nacido del derribamiento de todo muro de división… evento que nació en la Pascua liberadora y redentora de Jesús.

Para poder hacer posible esto nos pidió amarnos los unos a los otros. Nos convirtió en hijos del Padre y hermanos. Con ello, al hacernos sus amigos, nos introdujo en el círculo de sus amistades y nos pidió que todos pudiéramos llegar a ser “amigos”. Quizás no con el sentido de la psicología, sino con el del Evangelio: reconocernos iguales, y no siervos unos de otros. También, si somos seguidores y discípulos de Jesús, nos corresponde ser amigos de los demás. Por eso, no deberíamos ni llamar ni considerar a otros como sirvientes.

Dios nos ha amado y nos ha destinado para amar. Es el fruto propio de quien permanece en Jesús. Si de verdad queremos no sólo ser sino también demostrar nuestra identificación como discípulos-amigos de Jesús, entonces no podemos tratar a los demás con distinción, como si fueran “sirvientes o siervos” nuestros.

Lamentablemente en el mundo de hoy nos encontramos con otra idea. En la sociedad nos hallamos con muchas personas esclavizadas por el egoísmo y la mala intención de quienes se creen superiores a los demás. Si son cristianos, la cosa es más delicada, ya que hemos sido invitados a amarnos y, por tanto a tratarnos como amigos y no como “siervos”. Una cosa es la actitud del servicio y otra la de considerar a los demás como siervos.

Esto nos debe llevar a hacer un serio examen de conciencia acerca de nuestra caridad y de la forma como tratamos y consideramos a los demás. Los cónyuges ¿cómo se consideran y se tratan? ¿Con amor o aprovechándose el uno del otro? ¿Los papás cómo tratan a sus hijos? Y los hijos ¿cómo consideran y tratan a sus padres? ¿Cómo es el relacionamiento con nuestros compañeros de trabajo, de estudio o vecinos? ¿Cómo tratan los empleadores a sus trabajadores? ¿Cómo tratan los obreros a sus empleadores? ¿Estamos trabajando por crear una civilización del amor donde se viva el amor en todas sus dimensiones? ¿Respetamos a los demás o los consideramos menos que nosotros?

Debemos estar atentos también ante las viejas y nuevas esclavitudes existentes en nuestra sociedad: ¿acaso los narcotraficantes, los vendedores de droga, los que manejan y promueven la prostitución (incluyendo las nuevas formas como el “prepago” y las “damas y caballeros de compañía), quienes trafican con personas, quienes abusan de los niños, quienes explotan a tantos obreros, quienes sobornan, contrabandean, matraquean, abusan de la autoridad, acaparan, y menosprecian a los demás… no entran en esta dinámica destructiva de libertad y consideran a los demás como meros “siervos” de los cuales hay que valerse para el enriquecimiento individualista?

Es triste ver cómo muchos de esos que se consideran más que los demás o que tratan a los otros como “siervos-esclavos” se dicen cristianos. Es una caricatura y una farsa: porque hacen todo lo contrario de la propuesta del Señor: “ámense los unos a los otros”. Si Pedro terminó de entender las consecuencias de la redención en el hecho de seguir a un Dios que no posee acepción de personas, y el mismo Jesús nos invita a imitarlo y redescubrir continuamente que somos elegidos suyos como amigos, entonces, estamos obligados a mostrarnos capaces de hacer posible esto en el mundo de hoy. No se trata de un simple deseo… es el compromiso de todo discípulo de Jesús: “amarnos los unos a los otros porque el amor viene de Dios.

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal.

sábado, 25 de abril de 2015

Para preparar el domingo del Buen Pastor: Cuatro protagonistas


La enseñanza evangélica acerca del Buen Pastor nos presenta en su redacción cuatro protagonistas. El principal es el Pastor Bueno: es quien se preocupa de verdad por las ovejas, que considera suyas. Da su vida por ellas, las cuida con ternura y les brinda cobijo y protección. Siguiendo la idea presente en otros textos bíblicos, se le puede describir como quien está preocupado por guiarlas, aún en medio de cañadas oscuras y ante el peligro de enemigos, hasta llevarlas a lugares seguros para pastar. Incluso va en búsqueda de la extraviada. El Buen Pastor las conoce y es conocido por ellas: buscará atraer a todas las ovejas hasta conseguir un solo rebaño bajo su cayado. 

Junto a Él nos encontramos con las mismas ovejas: ellas le conocen y siguen su voz. Se sienten seguras con Él y no sienten miedo ante los peligros. Saben que si se extravían las buscará y las traerá con ternura hasta el redil seguro. Las ovejas representan a la humanidad, a quien el Pastor supremo –Dios- muestra su amor y su preocupación.

Un tercer protagonista de esta enseñanza alegórica es el “mal pastor”; a quien se le conoce como un mercenario asalariado. No debería llamarse siquiera pastor: un pastor siempre será bueno, si cumple con su misión. Pero el asalariado no tiene otro interés sino su paga… por eso, ante el lobo y cualquier otro enemigo huye y abandona el rebaño a merced del adversario. No es capaz de dar la vida por las ovejas e, incluso, hasta se vale de ellas. Sobre los malos pastores la Biblia hace una referencia cruda y dura en boca del profeta Ezequiel.

El cuarto protagonista es mencionado pero pocas veces descrito. Es el lobo: es quien ataca, busca romper la unidad compacta del rebaño, mata y se engorda a costa de las ovejas. Y son muchos los lobos que merodean para atacar la grey y hacer de las suyas. Hay varias clases de lobos: pòr ejemplo aquellos padres que evitan que sus hijos lleguen a ver la luz… quienes se desinteresan de sus empleados y no se preocupan por su bienestar…los obreros o empleados que no cumplen con sus obligaciones y sabotean el trabajo… los comunicadores que ocultan la verdad y crean falsas expectativas con informaciones no verídicas o manipuladas…. El sacerdote que no da buen testimonio y es mal ejemplo para los suyos… los cristianos que se dejan seducir por los criterios del mundo y hacen el mal en vez del bien… los dirigentes políticos y sociales quienes se dejan guiar por sus intereses mezquinos olvidándose del bien del pueblo… los corruptos, destructores de la paz social… los narcotraficantes con su comercio de muerte… los violentos, sean sicarios, delincuentes, ladrones, contrabandistas, porque no respetan la dignidad de sus hermanos… quienes se creen más que los demás y oprimen a los más pequeños…. Estos y otros tipos de lobos merodean el rebaño y buscan acabar con las ovejas.

La enseñanza, entre otras ideas, es clara: debemos estar atentos y conocer bien los protagonistas de esta alegoría del Buen Pastor. Por supuesto, se debe hacer la opción por seguir al Pastor Bueno: sólo Él actúa con la verdad y con el amor. Los ojos abiertos nos permitirá seguirlo y descubrir que sus intenciones son las de quien es capaz de dar su vida por las ovejas.

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal.

viernes, 10 de abril de 2015

Material para la Asamblea Parroquial



 Este es un material para la realización de las Asambleas Parroquiales. Puedes descargarlo también en archivo word haciendo click aquí

Áreas específicas de la pastoral que han de ser evaluadas para la elaboración del plan pastoral.



I.- Proclamación del Evangelio:

a.1. ¿En tu parroquia se realizó alguna actividad de la Misión Diocesana?

a.2. En caso afirmativo: ¿Qué cosas resaltarías como positivas y cuáles considerarías que se deben mejorar?

a.3. En caso negativo: ¿Piensas que es necesaria la realización de una misión diocesana?

b.1. ¿se proponen los temas del kerigma con frecuencia?

c.1. ¿Se hacen actividades de evangelización para los más alejados? ¿Se visitan los hospitales, los retenes, los ancianatos, los centros educativos?

d.1. ¿Ante la realidad de la santería y la superstición ¿qué respuesta evangelizadora hemos dado o podemos dar?

d.2. ¿De igual manera que estamos haciendo ante el avance de otras confesiones cristianas y otras creencias?

e.1. ¿se proclama el Evangelio en los medios de comunicación social y en mundo de la web y redes sociales?

II.- Comunión eclesial

a.1. ¿Hay espacios de tiempo definido para la atención general a los fieles?

a.2. El trato de los agentes de pastoral: ¿es cariñoso? ¿Propicia el acercamiento de las personas que están alejadas?

b.1. ¿Se visitan a los vecinos que están enfermos? ¿Se ora por ellos? ¿Se invita al sacerdote para que los visite? ¿Quiénes se ocupan de este apostolado?

c.1. ¿En la parroquia existe la costumbre de planificar y evaluar?

c.2. ¿Hay algún mecanismo de consulta y participación de los fieles?

d.1. En la línea de las nuevas estructuras de comunión diocesanas: las  zonas pastorales… ¿son conocidas por los fieles? ¿Ha habido participación de los fieles en estas instancias? ¿Qué opinión tienes de estas nuevas instancias?



En el ámbito de la pastoral familiar:

a.1. ¿Qué espacios se brindan para la atención humana y espiritual de las familias?

a.2. ¿Existen algunas actividades específicas para los novios y los que se preparan para contraer matrimonio?

a.3. ¿Qué actitud tienen los fieles ante quienes viven en una situación especial familiar, participan en la vida de la Iglesia?

a.4. A esas parejas, ¿se les abre la posibilidad de participar en la vida parroquial?



En el ámbito de la pastoral juvenil

a.1. ¿hay espacios de participación para los jóvenes?

a.2. Además del párroco, ¿hay algunas personas que se dedican a la formación y acompañamiento de jóvenes?

a.3. ¿Se ofrecen alternativas a los jóvenes que terminan el proceso de catequesis de iniciación cristiana para que continúen participando de la vida parroquial?

a.4. Con los jóvenes que estudian en las escuelas y colegios, ¿se realiza algún tipo de actividad para vincularlos a la vida parroquial?



En cuanto a la pastoral vocacional

a.1. ¿Se hacen actividades de oración y promoción por las vocaciones?

a.2. ¿La comunidad de fieles está abierta a colaborar con el seminario?



III. Compromiso con la realidad social

a.1. ¿Qué iniciativas de pastoral social existen en tu parroquia?

a.2. Ante la situación de crisis económica y tantas necesidades, ¿podemos comprometernos en la creación de caritas parroquiales?

a.3. ¿Se conoce en la comunidad cristiana la doctrina o propuesta social de la Iglesia?

b.1. Antes las instancias de participación social, como son los consejos comunales

 ¿Cual es la actitud de los laicos?

IV. Formación del discípulo misionero

a.1. ¿Existe un número suficiente de catequistas y ministerios en tu parroquia?

a.2. ¿Hay planes y actividades de formación para ellos?

a.3. ¿Hay criterios claros para la catequesis?

a.4. ¿Hay un servicio de catequesis pre sacramental para adultos?

b.1. ¿Consideras necesaria la creación de una escuela de formación de agentes evangelizadores y de pastoral?

c.1. ¿Hay espacios o actividades de formación para adultos y jóvenes?

miércoles, 8 de abril de 2015

Ninguno pasaba necesidad



Muchos llegan a experimentar un cansancio espiritual luego de la cuaresma y de la semana santa. Otros una cierta nostalgia de lo religioso: el esfuerzo de la cuaresma con sus diversos ejercicios de piedad y de preparación parecen agotarse el domingo de Resurrección. Sin embargo, la preparación es para celebrar, ciertamente, la Resurrección, pero también la cincuentena pascual; es decir los días siguientes, hasta Pentecostés.

La liturgia de todo el tiempo pascual, además de insistir en el hecho maravilloso de la Resurrección de Cristo enfatiza tres compromisos: uno, vivir el bautismo; otro, el decidirse a anunciar la Verdad y el Evangelio del Resucitado; el tercero, poner en práctica todo lo que conlleva seguir al Resucitado y ser sus discípulos, la caridad fraterna. Seguir a Cristo es vivir como ciudadanos del cielo buscando las cosas de arriba; por tanto dejando a un lado los criterios del mundo y asumiendo los del nuevo Reino inaugurado con la Pascua de Cristo. Esto significa hacer brillar la luz recibida en el Bautismo.

Quien es bautizado, por otro lado, es convertido en testigo del Resucitado. Como tal está llamado, ante todo, a anunciar la Verdad fundamental que ha trasformado la historia de la humanidad: Cristo ha vencido a la muerte y ha derrotado al maligno, padre del pecado del mundo. Ese anuncio del Evangelio de la Vida requiere un acto continuo de fe, para dar a conocer lo que se cree. El evangelista Juan nos relata el episodio de la incredulidad de Tomás y cómo superó su falta de fe. El Señor le advierte su incredulidad y cómo quienes sin verlo creerán. Esto producirá alegría y felicidad en quienes se irán convirtiendo en discípulos del Resucitado a lo largo de la historia.

Quien ha recibido el bautismo y se orienta en el seguimiento e identificación con Jesús Resucitado puede participar en la victoria sobre el mundo. Esto es necesario considerarlo de manera permanente. Creer no es sólo recitar el credo; creer no es sólo conocer los principios de la doctrina; creer no es algo coyuntural, realizado de vez en cuando. Creer es mucho más que eso. Es arriesgarse a ir detrás del Resucitado, asumiendo sus propios sentimientos y poniendo en práctica el mandamiento del amor. Así nos lo enseña Juan, al reafirmar que quien cree en Él ha nacido de arriba y se ha convertido en hijo de Dios, hermano de infinidad de hermanos, a quienes debe amar, como el Señor nos ha amado.

Esto lo entendieron muy bien los primeros cristianos. Sabían que debía identificarse por el amor fraterno si querían ser reconocidos como “cristianos”. De allí una de las grandes consecuencias de ese amor: vivían unidos, tenían un mismo corazón y todo lo ponían en común. Más aún, por la práctica del amor fraterno nacido del amor de Dios presente en el corazón del cristiano, ninguno pasaba necesidad… Y se compartía todo, desde lo material hasta lo espiritual. Así podían no sólo manifestarse como una comunión de hermanos sino también ayudarse mutuamente.

Vivir la pascua, para la cual nos hemos preparado durante la cuaresma, es demostrar de manera activa y decidida la capacidad de sentirnos hermanos, sin distinción de ningún tipo. Por tanto, creer en el amor y demostrarlo con la propia actuación cotidiana: de allí la invitación de la Palabra de Dios a no desprendernos de las necesidades de los demás, cualesquiera sean ellas. Ninguno debería pasar necesidad en una sociedad donde haya cristianos… y pareciera que se deba insistir mucho en esto. No hay sino que mirar a nuestro alrededor: pobres de cosas materiales; pobres de auxilios espirituales; pobres en valores morales; pobres de afecto y acompañamiento; pobres abandonados y menospreciados por quienes se consideran más que los demás.

El Papa Francisco nos ha ido advirtiendo al respecto. De allí la urgencia no sólo de tomar conciencia, sino también de hacer una conversión pastoral. Los cristianos hemos de hacer creíble a Cristo Resucitado desde la práctica de la caridad sin condiciones y extremadamente solidaria y fraterna. ¡Cuánta gente necesitada hay junto a nosotros! ¡Cuántos desean ver la mano amiga de los cristianos, en Venezuela, que puedan compartir con ellos sus angustias, sus vacíos, sus carencias, sus dolencias espirituales y corporales! ¡Cuánta ansia de ver a los cristianos desprenderse de sus posiciones muchas veces polarizadas y no sólo por lo político sino también por el egoísmo destructor de convivencia! ¡Cuántos quisieran una Iglesia cercana, madre de puertas abiertas y con un corazón eminentemente pascual!

La Pascua es fiesta de transformación radical, de nueva creación, de victoria sobre el pecado. Por eso, quienes seguimos a Cristo no podemos dejar a un lado su Verdad y su Palabra. Sólo así podremos construir la paz verdadera, no la del mundo, sino la nacida de su corazón amoroso. Sólo así, podremos vivir en comunión y ser solidarios hasta hacer realidad la enseñanza de los primeros cristianos entre quienes NINGUNO PASABA NECESIDAD.

+Mario Moronta R., Obispo de San Cristóbal.