miércoles, 10 de diciembre de 2014

En medio de Uds. hay alguien a quien no conocen



En la preparación a celebrar la Navidad, junto a María, un personaje clave es Juan Bautista. El nos invita a hacer realidad el anuncio profético de preparar el camino del Señor en el desierto. A la vez, nos recuerda que no era él el Mesías esperado, sino un testigo de la luz salvífica, la cual comenzaría a brillar con el “esperado de las naciones”. Por eso, cuando le preguntaban si era o no el Mesías, respondía de manera clara y directa: “No lo soy”. Sin embargo señalaba la cercanía del Señor y, luego, cuando se produjo su presencia, lo dio a conocer sin mucho protocolo: “Éste es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.
Antes de su aparición pública, el Bautista habló de Jesús: “En medio de ustedes hay uno a quien no conocen; alguien que viene detrás de mí y de quien no soy digno de desatarle las sandalias”. Gesto de humildad de un profeta quien estaba atrayendo muchas personas, israelitas y no, interesados en un cambio de vida y en espera del Mesías. Esta vivencia del Bautista sale a nuestro encuentro hoy, para indicarnos cómo ha de ser nuestra preparación a la Navidad.
Generalmente corremos el riesgo de pensar en la Navidad como una fiesta religiosa importante, pero que no nos compromete. Corremos también el riesgo de reducirla sólo a aspectos culturales y materialistas. Es cierto que hemos de presentar la Navidad como una fiesta que ha venido influyendo notablemente en la historia de la humanidad; pero hemos de hacerlo con el auténtico sentido de la misma… Lamentablemente los cristianos nos la hemos dejado arrebatar por el consumismo comercializante que busca hacer dinero y no promover el verdadero sentido de la Navidad. Hay incluso quienes han optado por convertirla en una “rumba” más donde el licor y el bullicio mundano predominen.
De allí la importancia de la figura del Bautista para todos nosotros. Es una figura que ilumina cómo ha de ser nuestra preparación de la Navidad. Ante todo, debe ser una preparación personal, la cual incluye la conversión, la apertura de corazón y el sintonizar con la humildad y pequeñez del Señor. Y, a la vez, ha de ser una preparación que privilegie lo evangelizador: es decir, el anuncio de Cristo, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Ningún cristiano está exceptuado de hacerlo, ya que todos hemos recibido el mandato evangelizador por parte del Señor. Esto nos impulsa para hacer del adviento y de la Navidad (y el resto del año igualmente) un momento de gracia donde anunciemos a todos, cercanos y alejados, creyentes y no creyentes, como lo hizo el Bautista: “En medio de Ustedes hay uno a quien no conocen…”. Sí: en medio de nuestras familias hay uno que puede ser desconocido por muchos de nuestros familiares y amigos… en medio de nuestras escuelas, liceos y universidades, hay uno que puede ser desconocido por tantos profesores y compañeros estudiantes… en medio de nuestras instituciones y lugares de trabajo hay uno a quien no se conoce… en medio de nuestras comunidades y vecindarios hay uno a quien no se conoce…. En medio de nuestra sociedad hay uno a quien no se conoce… De allí, la urgencia de hacer como el Bautista: no sólo preparar el camino del Señor, sino anunciarlo, presentarlo, darlo a conocer…
Uno de los retos que poseemos los cristianos en este momento de nuestra historia es anunciar a Jesucristo, con su evangelio, con su obra de salvación y con su llamada a ser discípulos suyos. Y si algo hace falta en nuestra Venezuela es precisamente que los católicos salgamos a la calle para hablar de Jesucristo y llenar de sus principios y valores nuestra sociedad. Papa Francisco nos está continuamente recordando que hemos de ser una “Iglesia en salida”… Hemos de ir al encuentro de los alejados no para reclamarles su alejamiento, sino para invitarlos a reencontrarse con Jesús… Hemos de ir al encuentro de quienes han renunciado a poner en práctica sus valores, aunque se confiesen religiosos, para invitarlos a la conversión del corazón…. Hemos de ir a buscar las ovejas perdidas, para contagiarles de la misericordia de Jesús… Hemos de ir a las periferias humanas, como nos lo pide el Papa; esas periferias humanas a veces pueden estar muy cerca de nosotros: es donde encontramos a Jesús en medio de quienes no lo conocen o se han olvidado de Él o lo consideran un simple profeta u hombre de bien….
Preparar la Navidad, vivir el año nuevo, consolidar nuestro compromiso a lo largo de las semanas del año 2015 requieren de parte de los cristianos la actitud del Bautista: decirle a quienes no lo conocen o lo ignoran que en medio de ellos está el Señor, del cual somos testigos y de quien no somos dignos de desatar sus sandalias…se trata de Jesús, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
+Mario Moronta R.
Obispo de San Cristóbal.

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